Archive | April, 2015

Cuento.

29 Apr

Erase una vez que se era una princesa con peto y zapatillas en mitad de la jungla. Llevaba un palo. En realidad no es un detalle importante para la historia, pero como es mi cuento lo digo y punto. Era una princesa extraña, de esas que guardan mosquitos aplastados en libretas y les gusta el coco.

Era extraña, pero no estaba sola en la selva. Le acompañaba un apuesto príncipe que la seguía ciegamente a donde ella fuese, sin protestar lo más mínimo. Bueno, no, mentira. Protestaba mucho. Demasiado. Tanto que la princesa estaba ya empezando a cansarse del príncipe. Pero ella aguantaba. Si algo tenía, es que era constante y paciente. Caminaban por la jungla durante el día y dormían por la noche en las ramas de los árboles.

Una mañana, mientras caminaban, un sapo se cruzó delante de la princesa y se perdió entre los matorrales después de, sin quererlo, llamar su atención. Al príncipe, que no era celoso (inserte tono irónico aquí), de repente le entró hambre. Le pidió a la princesa, que siempre subía hasta lo alto de los árboles a recoger frutos para los dos, que hiciera lo propio. Pero apenas había frutos en el árbol y el príncipe, desde el suelo, le empezó a reprochar que no había cogido alimento suficiente para los dos. ‘Sube tú a otro árbol, que también tienes un palo, dos piernas y dos manos y aquí no hay más que coger’, le dijo ella. ‘Ay, es que se me despeina el flequillo’, respondió el. ‘Pues tu palo tampoco es tan grande, subnormal’, contestó ella mientras saltaba del árbol y desaparecía entre los matorrales por los que se había ido el sapo.

No sabía por qué, pero ella, cansada de chasquear los dedos y tener príncipes de todos los reinos del mundo en cuestión de segundos con bandejas repletas de oro y presentes, sintió que el sapo era especial. ¿Sería como en los cuentos que le escribían los escritores de palacio? ¿Sería aquel sapo que cantaba por Armstrong (aclaración: el de la trompeta, no el de la luna) al oído de las princesas? Tampoco lo sabía, pero quería averiguarlo. Abrió su libreta y encontró una frase: ‘sólo de vez en cuando ves a alguien cuya electricidad y presencia se une a la tuya en un instante’. En este caso era ‘algo’, pero animada por su intuición, su curiosidad y ese verso de Bukowski, emprendió la aventura.

Lo buscó por todas partes. Pasaron días hasta que, por fin, llegó a un pequeño lago y lo vio. Se sentó en la orilla, sin hacer ruido. Y el sapo saltó hasta llegar hasta donde ella estaba. Estiró sus ancas y se quedó quieto. Ella lo observaba y no salía de su asombro: era un sapo totalmente normal, pero sus ojos marrones eran tan especiales que no podía dejar de mirarlos. Permanecía inmóvil y ella pensó que era el momento de saber la verdad. Probó a besarle, pero no se convirtió en príncipe. Siguió quieto. Se limpió los oídos, pero tampoco escuchaba nada fuera de lo normal, sólo los sonidos de la naturaleza. Cada vez que el sapo saltaba de vuelta hasta el otro lado de la orilla, ella pensaba en irse, pero, en cuanto ella se levantaba del suelo, él volvía y ella se sentaba de nuevo, expectante. Algo tenía el sapo, y ella prefería esperar una vida para averiguarlo a estar rodando de príncipe en príncipe, esperando en la puerta de palacio a que terminen de arreglarse para salir a tomar un piscolabis.

Y así fue. Esperó y esperó y esperó algo que, seguramente, nunca llegaría. Nunca nadie supo más de aquella princesa. Desapareció durante años. Sus padres ordenaron a todos los caballeros que salieran a buscarla de manera inminente, puesto que el príncipe había vuelto sin ella al reino. Algunos la daban por muerta. Y quien viera su silueta de lejos, podría pensarlo. Pero nada más lejos de la realidad, porque allí, sentada en aquella orilla, en el barro, consiguió llenar su libreta de miles y miles de versos y palabras que le salían del alma. Allí, en aquel lugar y con aquella compañía, estaba más viva que nunca.

Esa es la historia de la princesa paciente (mental, casi) que se enamoró de un sapo de cuento que sólo buscaba ranas (de esas que saltan rápidamente) y que no cantaba por Armstrong, aunque ella escuchase ‘What a wonderful world’ en mitad de la jungla cada vez que lo miraba a los ojos.

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A little cup of tea.

19 Apr

Con mis manos, abrazo mi taza de té.

La abrazo e imagino que es tu mano la que cubro con las mías. Que es tu piel la que toco.

Cruzo mis piernas sobre el sofá y miro a la pared.

Es verde.

La verdad, no es que importe el color.

Lo que importa es la proyección.

Esa amada ficción que escribo día a día.

Esa ficción que interpreto ante mi misma a diario.

Que venga alguien y me diga que no soy actriz, cuando me he hecho creer a mi misma las mentiras más grandes que mi cabeza podía crear.

Me he hecho creer que algo cambiaría.

Que eran verdad todas tus mentiras.

Que mi amor podría encajar con tu baja autoestima.

Es más, que lo haría.

Abrazo la taza, pero ahora es tu cuello.

Y el mio.

No se cual estrujar primero.

Si el tuyo por reventarme poco a poco por dentro,

o el mio por darte la maza y el corazón abierto.

Vivo en un cuento.

Vivo en un cuento que me cuento todas las noches antes de dormir.

Yo soy la Bella.

Y tú?

Tu no eres la Bestia,

eres Gastón, el comehuevos.

Rodeado de secuaces.

Y bailarinas de pueblo.

Esas son las que buscas.

Eso ya lo fui.

Y no, que yo no vuelvo.

Que no me disfrazo de cordero para alimentarte el ego.

Que soy una loba, con lo malo y con lo bueno.

Abrazo la taza de té y pido un deseo.

Casi un golpe que viene de dentro, más que un deseo.

Y cuando golpea desde las entrañas, es para hacerle caso.

Un duro.

15 Apr

‘Quisiera desgarrarte en nuestra íntima oscuridad
todo el vestido de vanidad que te pones
para ocultar tus latidos acelerados cuando me miras
porque yo sé cariño, que aunque lo niegues
ves en mí algo extraño, una esencia entrañable
un misterio acurrucado entre luceros de risas
que se fuga por toda tu conciencia
como un tren de vapor que te sube
a dar un paseo por el espacio de lo imaginado
alguna vez soñaste conmigo
hoy la realidad superó toda la ficción
y no estoy más que para quererte
como nunca antes te quisieron
para esculpir con el cincel de mis dedos
ese castillo de caricias en tus hombros
y pintar a lo Rivera cada vereda
de tu acaramelada y estrellada cadera
sé tierna o sé fiera
sé océano o pura arena
pero ya deja que te quiera.’

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As I Began to Love Myself: Charlie Chaplin on his 70th birthday

14 Apr

‘Cuando me amé de verdad’

An Armenian Journalist's Notes

As I began to love myself I found that anguish and emotional suffering are only warning signs that I was living against my own truth. Today, I know, this is AUTHENTICITY.

As I began to love myself I understood how much it can offend somebody as I try to force my desires on this person, even though I knew the time was not right and the person was not ready for it, and even though this person was me. Today I call it RESPECT.

As I began to love myself I stopped craving for a different life, and I could see that everything that surrounded me was inviting me to grow. Today I call it MATURITY.

As I began to love myself I understood that at any circumstance, I am in the right place at the right time, and everything happens at the exactly right moment, so I could be…

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Beatles.

4 Apr

No se trata de un discurso épico que se queda en nada.

No es una declaración de intenciones que se convierte en fantasma.

Se trata de las promesas que nos hacemos a nosotros mismos.

Se trata de los sueños que tenemos desde chicos.

Se trata de lo único que tenemos.

Es por lo que tenemos que luchar.

Por mucho que las gordas infollables se empeñen en que no puede ser así.

I crossed my heart in September 2010.

Átomo de un jueves santo.

2 Apr

Aplaudir al petado que está detrás de la barra cada vez que hace algo, porque los otros no paran y el, sin embargo, está inmóvil. Quieto. Ensimismado en sus fibras musculares.

Lo he hecho. Me he puesto en pie cuando ha sacado una botella de la nevera y cuando ha roto un vaso y ha pasado por encima de él. Ojos y mente juntos buscando el momento. Manos huecas y preparadas para chocarse constantemente. Cuando lo han hecho, han sonado bien fuerte. Me he levantado apoyándome solamente sobre el reposapiés de la banqueta. Incluso he levantado mi copa de vino en su honor.

Toda mi maldad iba bien encaminada, hasta que un pensamiento ninja la ha roto en dos de una patada:

Soy la segunda. Siempre lo he sido. No va a cambiar. No me echa de menos. No merece la pena ni pensar.

Y como era la segunda, fui a por la tercera:

‘Señor petado, oiga, otro Rueda’.

Devolvedme a alguno de mis paraísos.

The Rapture – In The Grace Of Your Love