Archive | February, 2013

freedom**

27 Feb

La luz se colaba por las rendijas de la persiana que guardaba el sueño de Amy. Chocaba con las paredes con tanta intensidad que parecía que las estrellas se habían refugiado en su habitación en vez de esconderse con la luna aquella mañana.

Ella abrió los ojos y se quedó quieta, mirando hacia el techo. Respiró hondo. Comenzó a seguir cada haz de luz que unía los puntos luminosos de la pared con los agujeros de la persiana. Seguía sin mover su cuerpo, pero por dentro no paraba nada. Aunque eso no era nada nuevo para ella, para la gente que la rodeaba parecía serlo, y no era algo que ella estuviera dispuesta a aguantar más: era algo que le quitaba el sueño y los sueños. Ya no soñaba. No era capaz. Sólo tenía pesadillas sobre cómo iba a acabar todo.

Abrazó muy fuerte a su mono de peluche, lo sentó al lado de la almohada y se bajó de la litera de arriba. Quería volver a verlo todo antes de irse.

Entró a la cocina y abrió la despensa. Cogió las galletas y los patines. Se los puso y salió a la terracilla a patinar. Patinaba allí porque no podía salir a la plaza a hacerlo. Allí siempre llovía. Terminó y salió de la habitación.

Cerró la puerta de la cocina.

El salón seguía intacto. El árbol de navidad seguía puesto. Cogió su adorno favorito y salió de allí.

Cerró la puerta del salón.

Se duchó en aquel baño árabe.

Cerró la puerta del baño.

Y aquel cuarto, aquella puerta estaba ahí. La abrió. Estaba todo desordenado. Aquella habitación era lo que era ella. Estaba llena de pegatinas, de fotos, de dibujos, de peluches, de juguetes, de libros, de ropa. De papeles. Papeles donde siempre había un comienzo de algo que nunca llegaba a ser terminado. Aquella habitación era un escenario, una terraza, una cueva, un refugio, un estudio, un ascensor, una nave espacial. Era todo lo que ella quisiera que fuera. Las paredes guardaban más que recuerdos: la guardaban a ella.

Abrió los cajones del escritorio. Cogió las dos pistolas y los dos cartuchos. Cargó las pistolas y las puso sobre la mesa. Se sentó en su silla, que ya estaba hecha pedazos, y las observó. A veces dejaba de hacerlo para repasar de nuevo la habitación. Pero siempre volvía a las pistolas. Sin saber muy bien por qué, intentó encender el ordenador de sobremesa. No funcionaba. Hizo lo mismo con la televisión. Tampoco funcionaba. Como ella. Recorrió todas las pintadas que había en la mesa y cogió las armas. Se levantó y volvió a su dormitorio.

Cerró la puerta de su estudio.

Una vez en su dormitorio, se quitó el pijama, abrió el armario y cogió el único vestido que le quedaba bien de los que había ahi. Sabía que eran todos suyos porque los había visto en fotos de cuando era pequeña. Se vistió. Se miró al espejo. Se miró a los ojos:

– ‘Suficiente. No necesito nada más.’

Apartó la mirada un momento, y volvió al espejo, con los ojos enjugados:

– ‘Hasta siempre, Alexandra.’

Una lágrima recorrió su cara. Al fin y al cabo, despedirse de una amiga imaginaria, también duele. Y más a una chica como ella.

Amy comprobó que lo llevaba todo. Cogió su mono y salió.

Cerró la puerta del dormitorio.

Recorrió el pasillo por última vez. A oscuras.

Abrió la puerta de la casa y la luz le golpeó.

Salió.

Cerró la puerta de la casa.

Tiró las llaves por el hueco del ascensor.

Una vez en la calle, se dirigió a aquella esquina donde siempre había querido llevar a cabo su plan.

El sol quería caerse cuando ella llegaba. Había una línea pintada en el asfalto. Una línea que nunca había podido cruzar; porque se lo habían prohíbido, porque ella no quería, porque ella no sabía que había detrás.

Sacó las pistolas y se puso una a cada lado de la cabeza, con el cañón apuntando hacia arriba.

Sus dedos rozaban los gatillos cuando, de repente, alguien gritó su nombre:

– ‘Amy, no lo hagas!’

Un grupo de gente se había colocado formando un semicírculo a su alrededor, pero Amy no conseguía distinguir sus caras, sólo veía los colores de la ropa.

– ‘Por qué no habría de hacerlo?’

– ‘Te va a doler.’ – Le contestó alguien vestido de azul.

– ‘Más de lo que me duele todo? Lo dudo.’

– ‘Qué dices que te duele? Estás loca? Es que has sufrido?’ – Preguntó la persona de rojo.

– ‘He sufrido. No más que muchos, no menos que muchos más. Sufrir no es que te peguen. Sufrir no es sólo no tener que llevarte a la boca. Sufrir no tiene por qué ser eso. Estoy harta de hablar de eso. No quiero ser una víctima por la vida. No lo soy. Pero me canso. Me canso de luchar contra todas esas imágenes que me despiertan por la noche y que me desconcentran durante el día. Sabes lo que es no saber con certeza cual es realmente tu pasado? Que todo sea tan misterioso y complejo de repente que no sepas encajar las piezas de un puzzle que antes encajaba perfectamente? Lo sabes?’

– ‘Claro que lo sé. Por eso soy tan valiente’ – dijo la persona de azul .

– ‘No lo eres. Te come el miedo. Lo noto. Si fueras valiente, cruzarías la línea. Me dejarías cruzar la línea. Pero no haces ninguna de las dos cosas. Yo quiero ser valiente de verdad.’

Amy dió un paso atrás y acercó su pié izquierdo a la línea.

– ‘Nunca podrás ser valiente con un mono de peluche colgado del cuello. No te espera nada bueno allí fuera. Nos necesitas. A todos.’ – dijo la persona de rojo, intentando guardar la calma y parar a Amy a la vez.

– ‘Ves? La gente del otro lado no te va a valorar como tu esperas, no seas tonta, tira las pistolas y quédate aquí.’ – dijo la de azul

– ‘No quiero.’

– ‘Siempre haces lo mismo,’ – dijo una mancha verde a la azul – ‘no la dejáis pensar. A lo mejor es por eso por lo que está aquí en esta situación. No se os ha pasado a todos por la cabeza?’

Todas las manchas de colores comenzaron a murmurar entre ellas. Amy juntó el pie derecho con el pie que había movido antes. Estaba a un paso de conseguir lo que ella quería.

Las manchas comenzaron a discutir:

– ‘Es tu culpa! Te dije que no era una buena decisión! Mira ahora lo que has conseguido!’

– ‘Qué dices? La culpa es tuya. Si aprietas mucho los tomates, se hacen zumo.’

– ‘Me parece increíble todo esto. Es que no escuchas lo que te dicen? Hazlo, aunque sea una vez en tu vida, por amor de Dios.’

– ‘Si es que la chica está mal de la cabeza, no os dais cuenta? Todo esto lo hace por llamar la atención. Está hueca por dentro.’

– ‘Tienes razón, seguro que después no hace nada. Sabes lo que me dijeron ayer que hizo? No? Pues mira…’

El rumor de las voces se hacía cada vez más y más fuerte y la cabeza de Amy estaba a punto de colapsarse. No quería hacer lo que estaba a punto de hacer, pero lo hizo. Bajó las pistolas. Estiró los brazos y apuntó con ellas a una marabunta que estaba ajena a lo que acababa de ocurrir.

– ‘SILENCIO!’ – grito Amy – ‘Ahora aquí sólo hablo yo y vosotros me escucháis. Estoy harta. Harta de vivir llena de miedos, de vuestros miedos, de los que me habéis infundado. Harta de conflictos. Harta de pensar que estoy muy mal de la cabeza por culpa de gente como vosotros. Harta de intentar sostener todo. Me he perdido a mi misma intentando limpiar vuestras mierdas. Lo único que se es llorar y sentirme culpable. Si me lo paso bien, me siento culpable porque se que alguien lo está pasando mal. Estoy harta de no poder cerrar heridas. De no poder creer en que alguien se puede enamorar de mi. De tener que pensar en lo que la gente dice de mi. Pues sabéis qué? Que me da igual si voy maquillada o si no, si voy bien vestida o no, si mis ideas coinciden con las vuestras o no, si estoy más gorda o menos…Lo que pueda decir la gente ¡ME DA IGUAL! Soy una persona y sólo tengo una vida para ser yo misma. Ese es el problema, que la gente busca ideales, no personas. Yo no soy un ideal. Soy normal. Y quien me quiera querer me tendrá que querer así. Estoy harta de que la gente me vea y me juzgue sin conocerme, sin tomarse la molestia de hablar cinco minutos conmigo. ‘Oh, Amy, qué tonta es: No habla, no se queja, no dice nada, no reacciona. Está vacía por dentro’. En serio? Creéis que es así? Amy sabe mucho más de lo que creeis; ella se lo guarda y lo saca cuando lo cree conveniente. Amy no habla, porque si hablara podría hacer mucho daño y ella ha aprendido que no se debe hacer daño a la gente. Amy no se queja porque sabe que hay que hacer cosas que no le gustan a uno para crecer. Amy no dice nada porque a veces no tiene nada que decir; ella intenta entender las cosas antes de discutirlas. Amy no reacciona porque sabe que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Amy no está ‘vacía por dentro’, está desordenada. Necesita mucho tiempo para ordenarse. Está harta de dar la sensación de ser la víctima porque llora y se siente mal. Las víctimas son débiles, sabéis? Y los débiles son cobardes. Los cobardes se esconden para llorar. Yo no. Ahora ya no. Podéis reíros de mi cuanto queráis. Puede que tuerza los labios, pero soy el doble de fuerte que vosotros. Yo si. Ahora si. Por qué? Porque cuando sientes que tu vida no te pertenece, no tienes absolutamente nada que perder.’ – Amy mantuvo una mirada fulminante y, después de asegurarse de que las manos del mono todavía le rodeaban el cuello, volvió a colocar las pistolas donde se las había puesto al principio.

Había llegado el momento.

– ‘Y ahora, os váis a quedar ahi y yo me voy a ir. Y nadie se va a mover. No tengais miedo. Sé cuidarme sola. Con vuestro permiso, me voy haciendo la croqueta a ser libre para siempre’.

Silencio. Sólo había silencio. Los dedos de Amy volvían a rozar los gatillos. Dos lágrimas cayeron de sus ojos. Entre las manchas volaban sollozos que se perdían con el viento.

Disparó.

Dos columnas de confeti salieron despedidas al cielo.

Amy se tumbo en el suelo y comenzó a rodar por el otro lado de la línea.

Las manchas se agolparon en el límite que dividía las dos partes, pero ninguna lo cruzaba.

Ella, mientras tanto, desaparecía por el horizonte con el sol y su mono.

Era libre.

Por fin.

Tú. Si, tú.

13 Feb

Hola.

Quiero que sepais que hay gente muy perra en el mundo.

Os voy a contar de qué va la Erasmus.

Tu llegas un día en tu escuela y dices ‘este año que viene me voy de Erasmus porque soy to’ rebelde de la vida’.

Que adónde te vas? A donde te salga de la punta del nabo. No vas a entender el idioma de ninguno de los lugares, qué más te da?

Escoges un lugar. Por ejemplo, LISBOA (que conste que ha salido esta ciudad por casualidad. El Rey Louis está de testigo. Adjunto foto).

Y te vas a Lisboa en el avión de Memorias de África. Con un par bien puestos. Algún día escribiré sobre esas dos horas de mi vida.

Llegas a tu nueva escuela. El segundo día, llegan dos de tu mismo país. Los recibes con cariño, en plan ‘eh tu, capullo, que te jodan’. Que baje Dios y me diga que eso no es cariño y amor.

Van pasando los días y las fiestas. Entre semana te levantas a las 7 y los fines de semana te acuestas a las 7. El 7 es un numero importante en tu vida si te vas de Erasmus. Siempre. Si no os lo han dicho, no tenéis vida. Ahora que lo habéis leído, la tenéis. De nada.

Y sigues con el capullo del primer día. Dando por culo. Anunciando la parada de metro. Anunciando el nombre de la tienda en la mitad del centro comercial. Intentando resolver dudas existenciales irresolubles como ‘Si todos los caminos llevan a Roma, cómo se sale de Roma?’. Preguntando si el Comboio va con bollo o sin bollo. Escuchando ‘me voy a correr y después ya ceno’ todos los dias (llueva, nieve o haga bajo cero. El muchacho tiene que correr por cojones). Acusándote de ser una adicta al chocolate, siendo eso una mentira increíble. Montando fiestas hawaiianas en su casa y jurando una y otra vez que ‘se acaba esta noche’. Llamándote cansinita. Vaya, cosas que a una le alegran el día…por la polla.

Y empiezas a llamarlo Maricona. Mari, para los amigos.Y a pegarle. Así te desahogas y dejas de tener ganas de dispararle a las palomas a la cabeza cada vez que lo escuchas hablar.

Y justo, justo cuando le empiezas a coger cariño y a darle un abrazo de vez en cuando…

…VA EL CABRÓN Y SE VA DEL PAÍS.

Es el capullo más grande del mundo porque se va de la Erasmus ahora.

Es cuantimenos un…

…TONTOLAPOLLA MU GRANDE.

Te odio.

Así es la gente en la vida.

Para que veáis como se las gastan algunos.

Adiós.

(Siento tantos tacos, pero es que Raúl es lo que inspira).

PD: Blanca, ya he hablado de penes en la entrada. Mañana me das lo que me debes de la apuesta imaginaria que hemos hecho ahora mismo en mi universo paralelo.

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El Rey Louis con el papelito ganador.

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Y si veis al capullo este por la calle, rompedle los dientes. Desde el cariño. Of course.

images.

5 Feb

Vestido amarillo (porque el cielo está azul y es más bonito).

Bragas rojas con lunares blancos (lo sé porque salto y las veo).

Estamos tomando batido de helado (yo, de chocolate y tu, de fresa).

La mesa es plateada (de esas que te ciegan cuando reflejan los rayos del sol).

Corremos.

Nos hacemos mil putadas.

Y caemos muertos de risa al cesped.

Estos son los cuentos de hadas que yo quiero.

 

You hit me once. I hit you back. You gave a kick. I gave a slap. You smashed a plate over my head, so I set fire to our bed.

Me pegaste una vez. Te pegué de vuelta. Me diste una patada. Te di una bofetada. Me rompiste un plato en la cabeza, asi que le prendí fuego a nuestra cama.

 

bday part one.

3 Feb

[NOTA: Esto quería ser una entrada elaborada pero, debido al estado de la autora va a ser un telegrama de mierda en el que se refleja un aspecto de su noche anterior.]

Cuando digo que no me gusta el Whisky, no me deis Whisky.

Porque me pongo caprichosa.

Y termino por despertarme el día de mi cumpleaños cantando Amy Winehouse.

Siempre me pasa igual.

Pero que le jodan.

YO HE HUIDO DE PATOS ENFURECIDOS.

YO HE DESAYUNADO EN EL POLLUX.

YO HE LLEVADO UNA GORRA DE PLUTO.

(y el no tuvo nada que ver con eso).